Cómo Adelgazar Naturalmente Sin Que Haya Efecto Rebote

Una de las principales preocupaciones que afectan a la mayoría de las personas que inician un método de pérdida de peso es que al final del mismo se produzca el llamado “efecto rebote”. Se trata de una preocupación legítima, porque adelgazar supone tener que afrontar cambios en algunas costumbres, lo que no resulta fácil, y aunque hayamos conseguido tener éxito en nuestro objetivo, resulta frustrante que dicho esfuerzo se revele como inútil a posteriori.

rebote_optPero es que, además, el efecto rebote suele caracterizarse no ya por revertir los avances que habíamos logrado en la pérdida de peso, sino por dejarnos en una situación aún peor a la inicial.

No es extraño, por tanto, que el efecto rebote sea considerado como uno de los mayores peligros a los que cabe enfrentarse cuando se inicia un proceso de adelgazamiento.

La buena noticia es que el efecto rebote no es inevitable. Si sabemos cómo manejar el proceso para que la pérdida de peso sea natural y paulatina, su aparición no debe ser algo que nos preocupe.

Para entender mejor donde está el problema del efecto rebote, hemos de comprender por qué se produce. El efecto rebote se da especialmente cuando seguimos una dieta muy restrictiva, esto es, unas pautas de alimentación que proporcionan un número de calorías muy inferior al necesario para llevar a cabo nuestra actividad normal.

Ante esta circunstancia, el cuerpo interpreta que atraviesa un periodo de carencia y – al igual cualquiera de nosotros hacemos ante una circunstancia adversa- “aprende” para que no le vuelva a ocurrir lo mismo.

El resultado es que cuando volvemos a consumir el mismo número de calorías que antaño, el cuerpo utiliza gran parte de ellas transformándolas en grasa. ¿Por qué? Porque la grasa es el combustible de reserva que utiliza el cuerpo humano, y al haber aprendido nuestro cuerpo que pueden llegar en el futuro nuevos periodos de escasez (así es como interpreta el organismo una dieta muy baja en calorías), toma medidas para estar preparado si la situación se repite en el futuro.

Esa es la razón por la que, detrás de dietas muy estrictas, suele producirse este efecto rebote. No sólo quienes las siguen suelen comer con ansiedad al finalizarlas, sino que además, el cuerpo está más predispuesto a transformar esa energía en grasa corporal.

Por ello, si quiere evitarse esta circunstancia, es conveniente tratar de adelgazar de forma natural y equilibrada. Con objeto de no caer en la trampa del efecto rebote resulta mucho más útil aumentar el gasto energético que bajar el número de calorías que se consumen, ya que de este modo, no modificaremos sustancialmente la ingesta calórica a la que estamos acostumbrados.

Además, para que el proceso de adelgazamiento resulte eficaz y sostenido en el tiempo no debe focalizarse en unas pocas semanas, sino que debe extenderse un periodo suficiente como para que nuestro organismo pueda ir adaptándose a los cambios sin el estrés de interpretar que está sufriendo una etapa de crisis.

¿Y cómo podemos aumentar el gasto energético para no tener que reducir calorías? Como es lógico, la realización de una actividad física va a provocar que nuestro cuerpo gaste más calorías de las que habitualmente lo hace, pero, si ésta no es una opción, ya sea por falta de tiempo o de voluntad, la toma de un producto quemagrasa contribuirá a una aceleración del metabolismo basal, de manera que, siguiendo con nuestra rutina habitual, estaremos consiguiendo aumentar nuestro gasto energético.

En definitiva, la clave para evitar el efecto rebote está en huir de dietas restrictivas, de forma que el cuerpo no pueda interpretar que se encuentra en un estado de necesidad.